domingo, 15 de abril de 2012

Rebelión en la granja. Explotaciones alternativas de periquitos, esturiones y liebres se abren paso en el sector


Rebelión en la granja
Periquitos. Marisol domestica periquitos en su aviario de Ramales, que luego vende a través de Internet a clientes de toda España e, incluso, del mundo. / Andrés Fernández
Ya lo dicen los expertos, la mejor forma de hacer frente a una crisis que no deja de apretar es armarse de talento. Y de él han tirado un grupo de empresarios de Cantabria a la hora de montar su negocio -animal, en este caso-, que poco tiene que ver con el que se relaciona habitualmente a una industria ganadera. Lo mismo que antes ocurrió con las llamas, las alpacas o los caracoles, la cría de esturiones, periquitos en cautiverio y liebres montañesas se incorpora ahora al grupo de explotaciones que ha caído en gracia a un mercado empeñado en sentenciar a las industrias animales más tradicionales de la región.
La familia de Ángel S. Paraja, avezada en esto de la creación de empresas del tipo I+D+i, no tardó en tirarse a la piscina en cuanto diseñó la idea. Y nunca mejor dicho, porque aquella era precisamente una de las herramientas necesarias para poner en marcha su proyecto: una piscifactoría de esturiones. Estos 'animalitos' son escualos prehistóricos de los que se obtiene carne -que se consume ahumada o en escabeche- y, también, uno de los aperitivos más pecaminosos que existen, el caviar. Sobre todo por su desmesurada cotización en el mercado. Su precio, dependiendo del tipo que sea, puede oscilar entre los 2.000 y 50.000 euros el kilo.
Con un estudio de viabilidad en la mano, Ángel y su familia se fueron a Italia en busca de alevines. «Al final, terminamos comprando la empresa que los vendía», comenta el padre del joven que, aunque no quiera protagonismos, se califica a sí mismo como el empresario «más importante de Cantabria», que hace décadas tuvo «más de 1.000 vacas» y ha llegado a poner el hierro en edificios tan emblemáticos como las Torres KIO de Madrid. En resumidas cuentas, un hombre «de palabra y con un par», se define.
De esta forma, y hace ya un año, fueron dando forma a la piscifactoría en una nave de su polígono de Piélagos, con ejemplares de apenas 60 gramos de peso. Escualos no de un tipo cualquiera: 'Acipenser Baerii' (Baeri) para ser exactos, que es la raza del que se obtiene, según el joven, el «auténtico caviar ruso».
«Creemos que en unos años estará a pleno rendimiento, tendremos listos el matadero, la planta de elaboración de los productos y la comercializadora», afirma Ángel, convencido de que para cuando eso llegue «dispondremos ya de 60.000 ejemplares y obtendremos unos 12 millones de euros al año». Una meta a la que él y su familia pretenden llegar más pronto que tarde, en cuanto terminen de montar las instalaciones. De momento, 'sólo' llevan invertidos un millón de euros y cuentan 'apenas' con 4.000 ejemplares, algunos de los cuales alcanzan los 1,8 metros de longitud. También atesoran alguna que otra joya de la corona, como el Baeri albino, cuyo caviar es uno de los más caros del mercado.
El secreto de su negocio, como el resto de los que tienen, está «en el trabajo». «El dinero no está para tirarlo, sino para saber utilizarlo. Con muy poco se pueden levantar grandes empresas, siempre y cuando sepas cómo», dice el joven.
Otro caso distinto es el de Iván González, al que prácticamente le ha tocado la lotería, con sólo haberse librado del Expediente de Regulación de Empleo (ERE) de su empresa. Por ello puede continuar dedicando su tiempo de ocio a la liebre autóctona.
 
Fines de repoblación
Él y su socio son los dueños del criadero Cinegético La Encina, en Sarón, en donde tienen 110 parejas de esta especie. «Cántabra cien por cien», exclama Iván. «Ahora estamos en época de gestación y no conviene acercarse», comenta el hombre, recomendando a las visitas que se esperen fuera «porque los animales se ponen tan nerviosos que se desnucan en su jaula».
Su iniciativa arrancó a finales de los noventa. Aunque Iván no cace ni coma liebre, es consciente de la necesidad que existe en la región de repoblar los cotos con este tipo de mamífero. «Hace años se trató de introducir la Ibérica, pero esa especie no se puede acostumbrar tan bien como lo hace la de aquí».
Sus principales clientes son los propios cazadores de todo el territorio cántabro y de alguna provincia limítrofe, que compran ejemplares para soltarlos primero por el área vedada y darles caza después con sabuesos. De hecho, ellos son su única fuente de ingresos en lo que respecta a la explotación, puesto que «las subvenciones se acabaron», lamenta.
Aunque todo depende de las necesidades del cliente, las peticiones suelen estar «en torno a las treinta liebres», comenta. A 80 euros el animal, unos 2.400 por partida. «Para algún caprichillo nos da, pero no mucho más», explica Iván.
Eso sí, algo de particular tienen las suyas que, como indica el empresario, cumplen con el dicho de que hasta al mejor cazador se le escapa la liebre. «Nuestro proceso de cría incluye un periodo de adaptación al medio, que se realiza en semilibertad y que permiten que el animal esté más espabiliado».
Una actividad que poco o nada tiene que ver con esta es la que realiza el Aviario Palax, una instalación situada en Ramales de la Victoria que se dedica a la cría y domesticación del periquito.
 
Buen amigo del hombre
Marisol Ramos y su marido, José Luis Díaz-Palacios, decidieron acondicionar el patio de su casa para poner un criadero de pájaros. Lo suyo empezó por pura devoción a estos animales. «Empezamos con una pareja hace 29 años y ahora tenemos más de 300 periquitos», explica la mujer recalcando que su hobby -convertido en oficio- es amaestrar a estas aves para que puedan «llegar a comer de tu boca, venir a una llamada e incluso hablar». De hecho, subrayan, «no conocemos a nadie en el mundo que haga lo que nosotros».
Marisol sabe que es una difícil tarea que, en cambio, no puede ni debe durar más de un mes y debe iniciarse cuando el pájaro tenga escasas semanas. «En cuanto saltan del nido yo sé si son aptos o no para la convivencia con humanos y, aunque no pueda desvelar muchos detalles al respecto, gran parte de mi éxito depende de la propia genética del pájaro». Por ello, explica, «sólo un pequeño porcentaje de los periquitos que criamos pueden llegar a ser dóciles y hacer cosas que resultan impresionantes».
De ahí su trabajo, y su precio: 100 euros el ejemplar. Pero eso sí, con la garantía de que el pájaro tiene la lección aprendida y es capaz de convivir en perfecta armonía con el hombre. «Se convierte en uno más de la familia», puntualiza Marisol. Su aviario se comercializa a través de Internet, desde donde recibe peticiones de toda España e incluso de otras partes del mundo.
Cualquiera que sea su razón y los beneficios que logren, estos emprendedores han logrado revolucionar el sector ganadero, con propuestas pioneras que se salen de lo habitual y que se mantienen a flote en medio de una tempestad.